Lo escrito es lo firme, lo asentado, lo que no deja lugar a dudas, lo eterno, lo que no cambia, lo estructurado, masticado y digerido. Lo volátil, en cambio, es inasible, rotativo, cambiante. Puede ser igual sólo como consecuencia del azar, y puede ser distinto, también como consecuencia del azar. No tiene lógica. Esa es mi contradicción. ¿Cuál es la tuya?

martes 25 de octubre de 2011

Churrasco de hígado (o aquellos días de tristeza sin fin)

Estoy desesperado. Hace una semana que no como carne. Puro arroz y fideos, pizza casera porque sobró harina, tortafritas, mate y cigarro. Sábado al mediodía y un sol que raja la tierra. A tres cuadras hay un chino. "Ya fué" pienso, y decido darme el gusto de clavar un churrasco de paleta. Uno solo. Me voy a cagar de hambre, voy a tener que llenarme con más arroz, pero si no como carne hoy, ahora, ya...

Parece como si me fuera diluyendo, como si la tan mentada escencia se escapara de a gotitas por cada poro, y en cualquier momento no soy yo. La tristeza cansa más en verano. A la vez, es más contagiosa, se hace colectiva, y no hay nada más triste que la tristeza colectiva.

Son las 11 y media de la mañana de este sábado bastardo, de este enero bastardo, de este 2002 bastardo. Caminar con toda la tristeza propia y ajena se hace dificil, aún que sean apenas tres cuadras y el objetivo final un churrasco de paleta. Un tierno churrasco, a punto, con breve grasa dorada, tentador, placentero, añorado y mísero churrasco.

Entrar al supermercado chino (donde hace un par de meses cagaron de un cuetazo al guardia, donde presencié el único asalto de mi vida con policías desenfundando y todo)... digo, entrar al chino no aplaca ni el calor ni la tristeza. En todo el local parece haber apenas dos clientes. Las góndolas, otrora rebosantes de segundas marcas, están semi vacías. Me llama la atención el estante de las latas: no sólo está despoblado, sino que además entre cuatro en fila más o menos bien ubicadas hay dos cruzadas y volteadas. Parecen decididas a rodar hasta el borde, lanzarse a la aventura, cansadas del manoseo miraprecio. Dos latas caídas en una góndola, otra expresión de la tristeza.

Enfilo para el fondo, para la carnicería, ansioso por conseguir mi único e irrepetible churrasco de paleta. La heladera/mostrador está vacía, y vacía queda también mi alma. En un segundo se me vienen a la cabeza los patacones, los lecop, las monedas que llevo en el bolsillo, retazos de mi sueldo, porque sí, claro, trabajo, y trabajo en blanco, en el Estado, tengo un sueldo todos los meses, o algo así, y claro que hay gente que está peor, pero eso no cambia que con mis patacones... No hay carne.

Busco la mirada del carnicero, imagino que mi cara expresará a esta altura una mezcla de resignación, ira, desesperación, y tristeza, claro. Esa tristeza que nace de la boca del estómago, sube apretando el pecho, se anuda en la garganta y estalla en los ojos, en lágrimas retenidas, y porqué, porqué, laburo todos los días, quiero un churrasco, porqué...

"Eso es lo único que queda, che" me dice casi en una disculpa el carnicero, señalando medio hígado. "Hace tres días que no bajamos", completa.

También por eso la volví a votar.

sábado 9 de abril de 2011

Lejana, de Juan Pablo Bochatón


(Nota: esto fue escrito hace bastante tiempo. Probablemente en el año 2006)

Pensar un disco con el piano como único instrumento es de por sí un desafío. ¿Cómo no convertirse en el nuevo Banana Pueyrredón? ¿Cómo no caer en el abismo de Richard Clayderman? Juan Pablo Bochatón se anima en Lejana, se mete en el disco, y lo resuelve con holgura. Hay un punto anecdótico en todo esto. Empezó a componer sólo con el piano porque le entraron a robar en la sala de ensayos. El único instrumento que le quedó sirvió de base para estas canciones, que no había pensado en grabar hasta que un amigo se lo propuso.

El piano y la (única y solitaria) voz se acoplan de manera dinámica. Por momentos, uno se impone a la otra, por momentos viceversa, en una especie de lucha libre en que los revolcones no son desacierto sino más bien la transición en el dominio del campo auditivo.

Puntualmente, el piano no suena meloso ni (únicamente) sedante. Aparece también golpeando, demoliendo, castigando. Esto se nota principal (pero no exclusivamente) en las notas graves. También aparece acunando, acariciando, creando melodías alternativas a la que lleva la voz, marcando ritmos y cambios. Por otra parte, el sonido no está distorsionado. Es un piano clásico, puro, no un teclado con efectos, lucecitas y artificios. La sensación que queda es la de un mar bravío que por momentos estalla en fuertes olas, pero que también llega sereno a la costa. Esa cosa ambivalente y contradictoria es más que interesante.

Por su parte, la voz navega ese mar, por momento hundiéndose en él pero sin llegar nunca a naufragar. Transita por momentos de desamparo, energía, desgarro, arrullo. Es sorprendente su ductilidad y expresividad (aunque no hace alarde de un registro amplio) para llevar melodías que acompañan perfectamente a la poesía. A lo largo del disco se nota como pareja, sin estridencia, más allá de esos momentos que transita. Es decir, las variaciones tienen que ver con algo más conceptual que histérico, demostrando que gritar no es la única manera de demostrar una energía contundente. Es de destacar que se banca todo el disco sin meter segundas voces, con lo que sale algo muy directo, muy “en vivo”.

A todo esto falta sumarle una poesía sutil, que camina por la cornisa de la melancolía sin desbarrancar en la nostalgia. Lo perdido aparece como algo que falta, pero no como algo que murió, y eso es exquisito. Además cuenta con una capacidad para generar imágenes verdaderamente inusitada. Si bien parte de algo muy personal, no cae en el vicio críptico que algunos tienen. Con metáforas sencillas, frases que sintetizan estados de ánimo a la perfección, interpelaciones directas, enumeraciones certeras, las letras dibujan esas imágenes, que al unirse con el piano y la voz crean un clima muy intimista.

En síntesis, un disco completo, muy bien armado (es de destacar la secuencia en que están ordenados los temas, incluso), con una lógica artística sobresaliente.

Todo el disco es altamente recomendable, aunque se pueden mencionar algunos temas destacados.

Solar: Un principio fuerte, no por estridencia sino por la definición que brinda del disco. Propone claramente la clave en que se puede escuchar el disco. “Parece que estoy bien, parece que es verdad, que importa el corazón si el embrujo es solar” en el estribillo, “Me cuesta creer que en un tiempo fui el príncipe que es la rana de hoy”, al comenzar la segunda estrofa. Con respecto a esta última metáfora, hay que señalar que también nos pone frente a la búsqueda poética de Bochatón.

El piano va fomentando los diversos climas de este tema, pasando de la calma al golpe tormentoso, y en este sentido, es también un buen comienzo para definir el rol de la música y el instrumento. Una constante lucha con la voz para establecer el dominio, definir quien manda.

Sin mañana ni estrella: Un piano tenue, muy básico, que en un principio no elabora melodías, sino que le deja ese lugar a la voz, simplemente acompañando. Pero en ese acompañamiento se generan las batallas y los entremedios del estribillo y las estrofas. En el intermedio asume un rol protagónico, cumpliendo la función de crear una melodía con fondos casi oscuros.

Poéticamente, mantiene la línea. “Corazón, corazón que navegas entre las mareas de la desazón, orientando a tu pecho las velas, el viento te lleva a saber quién sos”. Una frase muy potente, que abre brecha en un destino incierto, pero con un viaje necesario.

Lejana: Se destaca desde un principio, porque es el único tema del disco hecho con guitarra. Es, sin embargo, una continuidad en el sentido de que sólo hay guitarra en el tema. En este caso, marca el ritmo, únicamente con acorde, sin fraseos ni arpegios. En este sentido, un tema “sencillo” con un ritmo muy agradable.

En cambio, se destaca notablemente la letra, recreada en las melodías que la voz va eligiendo. “Vas perdiéndote en tu sombra, lejana”, “No creas mucho en todo, no creas poco en nada” o “No creas en tu nombre, es nada si nadie te llama” son fragmentos crudos, inapelables y descarnados que dan cuenta de un escepticismo basado en la duda y no en el nihilismo.

Adiós, adiós: La voz nunca se apaga. Acechante, le deja lugar al piano en los intermedios, pero reaparece suave y contundente, inapelable en el mando de la melodía. Hay golpes certeros del piano, reforzando agradablemente el “adiós, adiós, hola mi vida y adiós tu amor”. Sobre el final, piano y voz se trenzan en una pelea melódica para caer exhaustos. Es lógico, fue fuerte reconocer que “llegaste a mi como promesa de vivir, y te creí y sólo fue pobre de mi”, aún con la convicción de que con el adiós “vendrá la calma”.

Quiero: Una canción grave, directa, dolida. A pesar de reconocer que no hay que “culpar al cielo si son nuestros deseos los que andan al revés” no se resigna. El deseo, en definitiva, sigue siendo “que volvamos a ser dos”. El anhelo que sobreviene tras la pérdida es, en algún momento, volver el tiempo atrás. Que todo sea como antes, como nunca más podrá ser.

lunes 10 de enero de 2011

Sobre la crispación

La carnicería de barrio tiene ese “que se yo”, ¿viste? Te encontrás con los vecinos, con el tiempo los vas identificando, imaginás en que casa de la cuadra viven. Por las charlas (mayormente con el propio carnicero) hasta conocés alguno de sus problemas.

No suelo entablar conversación en esos ámbitos. Prefiero la observación no participante. A lo sumo una sonrisa distante, un “ahá”, incluso un “y... si” de fastidio más que de acuerdo. Al entrar, una señora está comprando. Lleva bola de lomo, pesceto, dos pollos, asado de tira, vacío, picada de paleta. Chorizos por supuesto que no.

Anda por los cincuenta y tantos, mal disimulados con un maquillaje “legrandesco” (o “chiquitoso” si prefieren). Entre el pelo renegrido de tintura cuesta adivinar alguna cana rebelde. Pollera negra y una de esas blusas de seda con motivos que bien podrían haber sido mantel, o cortina. Parecen flores, pero ¿quién sabe?. Sobre el fondo blanco, colores anaranjados, amarillo pálido, rosa. Alhajas, por supuesto, anillos, cadenitas, y un par de aros de presión lo bastante exagerados como para no pasar desapercibidos.

Parece que va terminando la compra. Mira la heladera exhibidora, como si los cortes fueran un ayuda memoria. Por fin, anuncia el “nada más por ahora”, mezclado con refunfuñes por el cajero, la inflación, el calor. Esas cosas de las que nos quejamos un poco todos.

“¿No lleva algo de cerdo?” le pregunta el carnicero. “No, gracias” responde, y agrega: “ahora dicen que es afrodisíaco, pero yo no le creo nada a la conchuda”.

Ahora entiendo.

jueves 30 de diciembre de 2010

Bien parejito, del Cuarteto Ricacosa

Cuatro guitarras y un guitarrón vienen a contradecir su propio nombre. Se trata del Cuarteto Ricacosa, cinco muchachos montevideanos que hacen florecer al tango “en plena juventud de sus cien años”, Alorsa dixit. Por supuesto que la mención del hereje no es casual, pero vamos por partes.

Su primer disco es el que nos ocupa hoy, data del año 2007 y se intitula “Bien parejito”, y ahí no hay contradicción: no tiene baches, aunque desde luego hay distintos climas. De los 14 temas, 8 son instrumentales y varían entre melodías sobre base de milonga campera, candombe, milonga orillera, tango, valsecito criollo y hasta una melodía sobre base de zamba (La indiecita, excelente composición de Matías Romero, uno de los integrantes). Entre los títulos, se pueden destacar La trampera (de Aníbal Troilo) en versión candombeada. Al escucharla, es conveniente ponerse de pie y sacarse el sombrero. Aunque si hablamos de candombe, no puede pasar por alto la versión que hacen de Montevideo (de Rada y Fattoruso), de altísimo nivel. Sólo resta decir, por si fuera necesario, que prácticamente toda la música tiene (parafraseando a los enólogos) un gustito final a Zitarrosa. Como corresponde.

A esto se suman 6 temas cantados que, en general, musicalmente se simplifican (lo que no significa que reduzca su calidad), con el estilo más originario de los viejos tangos de guitarra, y cobra relieve la letra y la voz. Una poética sencilla, directa, pero no exenta de algunos códigos generacionales y tribales, despliega descripciones, personajes, sensaciones y situaciones. Hay lugar para la nostalgia, la desesperación y las derrotas amorosas, en palabras de la calle, de la barra de amigos, con algo de humor cotidiano, como corresponde al tango. ¿O alguien piensa que el tango se tiene que seguir escribiendo con el lenguaje de sus inicios? Explota el nuevo lunfa, “y que bufen los eunucos” (otra vez Alorsa, ¡que cosa, che!).

Para destacar en este sentido, “A quemauña”. Se mezclan instrucciones:

“Píquelo con la derecha en la otra palma
role si a usted no se le desarma”

nostalgia:
“me acuerdo que con Julio María
no era fácil curtir en la vía.
El descarte o la ingesta de una drapie
pegando, eran parte de la rutina”

desafío y valores:
“y si no tiene algo pa hacer tuca
veremos si sabe o no sabe armar
pues va a tener que ser a quemauña
porque achique acá no hay”.

En la milonga “Apartei”, cantan la bronca por sufrir el histeriqueo:
“Yo quiero la galletita
pero vos meta pachanga,
te gozas con la cumbiamba
requebrando pollerita.
Más vuelta que calesita tenés,
me obligas a que labure.
Vos sabés, sos cheimon piurer,
por eso te haces la rica.
Berretín de nena chica,
a vos no hay gil que te dure”.

Así es amigos, en todas partes se cuecen habas, y en las dos orillas hay un varón al que alguna naifa le “muñequea la sortija de su loco carrusel”, nueva aparición de Alorsa.

Estas menciones al Gordo no son casuales. Con las particularidades del caso (regionales y personales), comparten el género. No es nuevo tango, es el viejo tango hecho hoy. Para un género musical que reconoce tantas ramificaciones como artistas lo aborden, para una expresión cultural de raíz popular y rioplatense, 100 años no son nada, y tienen un largo camino por recorrer. En ese sentido, no es casual que ese centenario se mencionado por Alorsa:
“Señores, vuelve el tango, muzzarella y sin barullo
A reclamar de nuevo lo que es suyo
En plena juventud de sus 100 años...” (Vuelve el tango, La Guardia Hereje)

y también por el Cuarteto:
“firulete primitivo, más de 100 años después” (Firulete primitvo).

Esto permite adivinar un respeto por la historia, por el costado tradicional que mantuvo el tango (y agrego también, por supuesto, el combo: milonga y candombe, que vuelven a hermanarse, tres críos de una misma cuna), un intento (exitoso) por rescatar aquellos valores.

Pero lejos de acartonarse con el almidón de la herencia, ponen al tango en el ambiente propio, a ver que les dice. Alorsa, premonitorio:
“Me leyó una gitana en la borra del café que vuelve el tango
Una ambulancia prende la sirena de las pizzas y los malabaristas de luz roja apuran el mangazo
Una pareja se jura al celular las dos horas de trampa en algún telo
Y alguien solo en una pieza busca en el diario el delivery de trolas... vuelve el tango”.

El Cuarteto Ricacosa, definitorio:
“¿que meneo ni meneo?
este es el tango menos postalero,
el de la pollera jipona y el champión,
el de la quebrada cerquita del papelón”.

“Bien parejito” se inscribe, desde esa declaración de principios, desde ese tango menos postalero (y por lo tanto más íntimo, más vivido) en el tango de hoy.

Integrantes del Cuarteto Ricacosa:
Camilo Alvarez (guitarra)
Sebastián Rey (guitarra)
Matías Romero (guitarra y acordéon)
Fabricio Breventano (guitarra y voz)
Martín Tejera (guitarrón y voz)

Lista de temas:
1- Milongueando (Pablo Pato Mendaro)
2- El rastrillo (Fabricio Breventano, Matías Romero)
3- Montevideo (Rubén Rada, Hugo Fattoruso)
4- Firulete primitivo (Martín Tejera)
5- La puñalada (Pintín Castellanos)
6- Mozo guapo (Ricardo Tanturi)
7- Puchito apagao (Berther Blanco El Melo)
8- Palomita blanca (Anselmo Aieta, F. García Jiménez)
9- La trampera (Anibal Troilo)
10- A quema uña (Camilo Vega)
11- La indiecita (Matías Romero)
12- Apartei (Sebastián Rey)
13- En capilla (Rodrigo Vignolo, Fabricio Breventano)
14- Te vas milonga (Abel Fleury)

http://www.myspace.com/cuartetoricacosa

domingo 26 de diciembre de 2010

Embeleso


Un tajo en la tierra siembra desconcierto en el hombre. La roca muestra sus heridas, las de-formaciones majestuosas que el tiempo es capaz de tallar, a puro cincel de agua y martillo de viento. Lo que era feraz, hoy es árido. Lo que parece muerto vive lento, y se desangra, se derrumba imperceptible.

Se inclina amenazante la roca sobre el hombre. En un susurro provocador le enrostra la pequeñez con su inmensidad-eternidad.

Sabe el hombre que la belleza de esa silueta permanecerá en la silueta futura, y aún en el fragmento desprendido-arrancado, y más en la nueva de-formación provocada por la unión de fragmentos.

La memoria de la gota que horada grabó en la roca el reflejo del hombre que bebió al pasar, sin dejar huella.

La roca desnuda transforma la herida en belleza, y la belleza será una nueva herida que, tal vez, al hombre emocione si sabe verla-poseerla. Herida-belleza, la continuidad desnuda.

viernes 24 de diciembre de 2010

¿Con quien se la están agarrando, pelotudos?


Toda acción política se inscribe en un contexto, en el que participan distintos actores, con diferentes intereses. Algunos de estos datos son visibles y están al alcance de cualquiera que lea los titulares de tres diarios. Otros están más ocultos, forman parte de los rumores de difícil confirmación. Esto es tan obvio para cualquiera que tenga una práctica política más o menos cotidiana que no merece mayor discusión.

Desde el asesinato de Mariano Ferreyra en adelante se sucedieron semanalmente conflictos callejeros de mayor o menor envergadura, que vienen propiciando un escenario político tenso. Hay quienes pretenden tensarlo más, hay quienes intentan descomprimir. Ante cada uno de los hechos (Ferreyra, Formosa, Soldati, Albariño, Retiro, Lanús, y ahora Constitución) cada sector adopta actitudes tendientes a fortalecer el escenario que más le conviene, y desde luego, acciona en ese sentido, sea desde las sombras o a la vista de todos. Cada una de esas acciones tiene consecuencias, y aunque no sea matemática, son bastante previsibles. Esto permite saber a quién se favorece y a quien se perjudica al momento de decidir el paso a dar, más allá de los objetivos que se persigan.

Si la acción consiste en cortar las vías durante una hora en el ramal Roca, de acuerdo a la frecuencia del servicio, significa que se suspenderá la salida de tres trenes. Posiblemente generará incomodidad en la gente que iba a tomar esos trenes, pero en definitiva significará no más de hora y media de espera. Más allá del malhumor, puede estar dentro de lo tolerable. La consecuencia, entonces, será un llamado de atención que probablemente desemboque en una reunión entre manifestantes y autoridades para resolver las diferencias. Si el reclamo es el pase a planta permanente de 60 trabajadores tercerizados, suena lógico.

Pero si la acción consiste en cortar esas mismas vías por tiempo indeterminado (finalmente fueron 7 horas), las consecuencias son diferentes. Los trenes que se deberán suspender serán más de 20, de manera que la cantidad de gente que iba a viajar en esos trenes es mucho mayor y tendrán que esperar mucho más tiempo.

Teniendo en cuenta estas premisas, estos más que simples y básicos datos de la realidad, el Partido Obrero sabía perfectamente de antemano lo que podía pasar, lo que iba a pasar, lo que finalmente pasó. En el mismo sentido, podían adelantar quienes serían los perjudicados y quienes los beneficiados. Claramente, los primeros perjudicados fueron los trabajadores que querían volver a su casa. Esos que precisamente forman parte de la clase a la que el Partido Obrero pretende representar, desde luego, infructuosamente. El siguiente gran perjudicado es el Gobierno nacional, cuya decisión es descomprimir sin reprimir, y se encuentran con un desmadre que abona el clima de tensión y deja con menos sustento la estrategia de solución de los conflictos a través de la política. Los beneficiados, mientras tanto, son aquellos sectores de la derecha que promueven la represión como método de resolución del conflicto social, que en definitiva (bien lo sabemos) no soluciona los problemas de la clase trabajadora. Beneficiados además en dos sentidos. Primero porque las imágenes son gráficas: es el descontrol que pretenden controlar con balas. Segundo, porque les da el escenario coyuntural perfecto para que accionen sus propios matones, sus propias fuerzas de choque, infiltrados entre la multitud.

El Partido Obrero decidió perjudicar a los trabajadores y beneficiar a la derecha. No es novedad. Basta con recordar su patético accionar en las asambleas populares de 2002, apenas como ejemplo. Cabe hacerles la pregunta, esa pregunta ya histórica del periodismo argentino: ¿con quién se la están agarrando, pelotudos?

jueves 23 de diciembre de 2010

Algunas reflexiones sobre la existencia del pueblo, el trasvasamiento generacional y la celebración de la vida


Hace más de 10 años, en 1998, cuando Videla volvía a prisión luego del indulto que le regaló Menem (con Duhalde el Malo como vicepresidente, conviene aclarar), un diario puso en tapa la foto del genocida con traje de preso y el simple título: "Dios existe". Causó sensación, y muchos seguramente atesoran ese papel como un recuerdo. Eran tiempos en los que (a pesar de la lucha sostenida, constante, creciente) no parecía posible condenarlo/s si no era, precisamente, con la intervención de la gracia divina. Un sistema judicial, legislativo, político y mediático funcionaba como escudo, más allá de esas pequeñísimas, casi invisibles grietas.

Ahora Videla fue condenado nuevamente a prisión perpetua, pero eso ya no es prueba de la existencia de Dios, sino una muestra de lo que consigue un pueblo que lucha (perseverante, testarudo, inquebrantable). En ese pueblo están presentes las organizaciones de derechos humanos, políticas, sindicales, ese entramado orgánico que siempre amplificó y multiplicó la voz exigiendo justicia. También están en ese pueblo miles de argentinos inorgánicos, aquellos que sin formar parte activa de una organización, hicieron rodar ese reclamo único de justicia hasta donde la organización no llegaba. Y también estan en ese pueblo legisladores, gobernantes, funcionarios judiciales, que pusieron en letra y acción ese reclamo de justicia.

Tal vez Dios exista. Pero a Videla lo encanamos (otra vez) nosotros.
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Hay sensaciones contradictorias. La justicia lenta no es justicia. Pasaron muchos años, demasiados, para llegar a esta condena. El esfuerzo puesto en esta dirección no se pudo poner en otra/s dirección/es, en otro/s debate/s. Para colmo, es una condena repetida, es decir que este pueblo tuvo que hacer dos veces el camino (al menos ese tramo final que llega a la cárcel común). Sin embargo, en busca del lado positivo, también este pueblo festejó dos veces. Un festejo que además, al repetirse, incluye a nuevas generaciones de celebrantes. No es lo mismo las lágrimas rodando de emoción hace más de diez años, que las lágrimas de ayer, con un hijo a upa. Ese hijo que no entiende todavía el cantito de "a donde vayan los iremos a buscar", pero percibe con sus ojos llenos de preguntas que un padre llora, que un padre celebra, que puede aplaudir junto al padre, que puede bailotear al ritmo de "aparición con vida y castigo a los culpables", o cualquiera de esos hits de años y años de marchas y actos.

Videla está preso para siempre, hijo, y lo vamos a celebrar todos los días.
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Para bien o para mal, los genocidas son humanos, y por lo tanto, mortales. Son varios los casos que encontraron la gambeta final a la justicia a través de la muerte. Se repitieron las sensaciones contradictorias. Un padre también es hijo, y como tal ha sabido celebrar esas muertes junto a su padre. Un festejo a medias, claro, pero que deja el consuelo sencillo, "viejo, se murió antes que vos, brindemos", contradiciendo excepcionalmente lo aprendido. Porque bien sabemos, la muerte no se celebra, salvo por esa excepción que confirma la regla.

Pero esta vez no celebramos la muerte, sino la vida. Deseamos una larga, muy larga y saludable y lúcida vida, ahí, en la cárcel común. Celebramos la justicia, celebramos la condena, celebramos esa plena conciencia, ese "pleno uso de sus facultades mentales", que le permitirán a Videla conocer cada detalle de las cuatro paredes que lo mantendrán encerrado. Estos buenos augurios de larga vida para el genocida desmienten a quienes imaginan un pueblo lleno de odio y sed de venganza. Apenas es una necesidad de justicia.

Videla paga en vida. LTA.