24 enero 2008

América

Hacía exactamente tres días, cinco horas y 22 minutos que Néstor Javier Urrutia no salía de su casa cuando se acabó la segunda botella de ginebra. Ese dato le produjo una conmoción tal que necesitó un cigarrillo. Luego de revisar cada bolsillo de cada prenda confirmó la tragedia: tampoco había más.

Sonó en teléfono. Sin mirar quien era, Urrutia atendió agitado y de mal humor.

-Hola- grunió.

-¿Qué hacé, Urrutia?- saludó Ráulo animado, evidentemente feliz, con la certeza de un enigma a punto de resolverse.

-¿Quién carajo habla?- volvió a grunir Urrutia, mirando de reojo para el lado donde tenía el teléfono, con el gesto de unir los dedos de la mano hacia arriba, dejando que dicha mano oscile con vértice en la muñeca.

-Ráulo, boludo, ¿quién va a ser?

-¿Y como mierda querés que sepa quién mierda me llama a las cuatro de la mañana?- se enojó Urrutia.

-Uhhh, loco, ¿que te pasa?-

-Nada- dijo Urrutia. Colgó.

A los tropezones fue hasta la cocina, abrió la lata de galletas y sacó un billete de cinco y dos de dos, uno de ellos muy deteriorado. El alivio le había llegado precisamente al ver la hora: el kiosco de Monteverde casi Uruguay estaba abierto todavía.

En el preciso instante en que ponía la llave en la cerradura, el teléfono volvió a sonar, así que lo tiró arriba de la mesa y se fue.

Volvió y el teléfono todavía sonaba. De todas maneras, corrió desesperado por el pasillo hasta la pieza, con un cigarrillo sin prender en la boca. Ahí estaba el puto encendedor, en la mesa de luz.

El teléfono, que había dejado de sonar, empezaba otra vez. Ahora sí, Urrutia atendió, pero todavía de mal humor.

-¿Que hacé, Ráulo?- grunió esta vez.

-¡Urrutia!- exclamó Jano- soy yo, Jano- dijo riendo.

-¿Se puede saber que carajo quieren, hinchando las pelotas a las cuatro y media de la mañana?

-¡Epa! ¿te agarramos ocupado?- dijo el otro con tono burlón.

-No

-Bueno, mirá, te llamaba para preguntarte en que club jugaba Héctor Zelada.

-Héctor Miguel Zelada, en el América.

-¿De Cáli?

-No, de México, pelotudo.

Y colgó.

19 diciembre 2007

Zelada

-Tercer arquero de la selección...- empieza el Enano, pero Jano lo corta en seco.

-No, pará, esa pregunta es tramposa.

-¿Que mierda sabés si es tramposa si todavía no la hice?- respondió ofuscado el Enano.

-Y, pero está claro, tercer arquero de la selección es muy subjetivo. En Francia estaban Roa, Burgos y Cavallero, y nada indica si el tercero era el Mono o Cavallero.

-Dejáte de joder, era Cavallero el tercero en Francia- terció Gómez.

-Y, no sé- retrucó Jano, enojado - porque en el Mundial siguiente el titular era Cavallero y lo seguían Burgos y Bonano. Y de paso, ahí tenés otro ejemplo en el que no está claro cuál es el tercero.

El enojo inicial daba paso a un aire de suficiencia por la memoria desplegada tan rápidamente. Gómez tenía que pensar más, entonces Jano lo había apurado con su catarata de datos, sabiendo que eso desmoralizaba a su contrincante, no lo dejaba pensar, interpretar los datos, que era lo que más le gustaba a Gómez, precisamente.

El Enano volvió a tomar la palabra y aclaró la situación: - No se preocupen, en este caso no hay dudas. Es más, la pregunta no es tanto quién era. Mundial 86.

-Fácil- se apresuró Gómez, - Zelada.

-De acuerdo- reconoció Jano – era muy fácil e indiscutiblemente tercer arquero.

-Si pero la pregunta no era el nombre- aclaró el Enano. - Aunque si alguno se acuerda del nombre de pila no vendría mal...- y dejó el desafío flotando, porque sabía que alguno de los dos picaría.

-Carlos- dijo Jano atropellando.

-No- respondió el Enano.

-Walter- insistió Jano.

-Pará, boludo, pensalo bien, estas diciendo giladas- lo frenó Gómez.

El Enano, con una mirada cómplice, haciendo el gesto de “yyy, tiene razón” le dijo a Jano – yyy, tiene razón-

En eso estaban cuando apareció el Ráulo.

-¿Cómo andan, sátrapas? - saludó.

El Enano, para no perder la iniciativa, lo recibió con un – Nombre de pila de Zelada, tercer arquero de la selección en el Mundial '86. No es ni Carlos ni Walter.-

Ráulo sorprendido lanzó al azar – Ariel-

-No, no- respondió el Enano.

Quedaron los otros tres pensativos, escarbando en sus quemadas neuronas, merodeando los recuerdos de aquellos tiempos mejores, tiempos de alegría colectiva. El Enano los observaba con aire de suficiencia, una sonrisa apenas dibujada en los labios, sabiendo que era toda una afrenta que hubieran olvidado ese nombre. Porque de cualquier otro tercer arquero uno se puede olvidar. ¡Uno se puede olvidar hasta del 4 de la selección que no fue a Suiza '54!. Pero de la del '86 hay que saber todo, hasta los más íntimos e ínfimos detalles y anécdotas.

En eso estaba cuando vió la sonrisa de Gómez. Jano también se percató, y exprimió su cerebro un segundo más para decir primero el nombre, pero no salía.

-Héctor- dijo Gómez, seguro, muy seguro.

-¡No! Horacio- gritó Jano, casi al mismo tiempo.

-¡Héctor!- reafirmó Gómez. -¡Se llamaba igual que el Negro Enrique!-

Los dos lo miraron al Enano, buscando la respuesta mediadora.

-Muy bien, Héctor.

Gómez festejo, Jano se mordió de bronca, y Ráulo empezó a entrar en clima.

-Bueno, Héctor Zelada, tercer arquero del Mundial '86. Pero insisto, esa no era la pregunta.

-¿Cuál es entonces?- preguntó Ráulo, impaciente y con ganas de competir.

-¿En que club jugaba?- tiró el Enano, y se quedó mirando a su audiencia.

-Uhhh- dijo Gómez - en Argentina no jugaba.

-¿Jugaba en Colombia?- preguntó Ráulo, ansioso y buscando pistas.

-Pregunté equipo, no país, Ráulo- dijo el Enano, incorruptible.

-Me cagaste, che, no me acuerdo- se resignó Jano.

-A ver, puede ser en Peñarol de Montevideo- arriesgó Gómez, y quedó con la mirada inquisidora sobre el Enano. Este, casi con vergüenza, reconoció lo tan temido. - No sé, yo tampoco me acuerdo, hace dos noches que lo estoy pensando y no me sale. En Peñarol creo que no, pero tal vez en Nacional.

-¡Sos un hijo de puta!- se enojó Jano. - La pregunta viene con la respuesta, che.

-Tenés razón, pero a alguien se lo tenía que preguntar, y pensé que ustedes lo sabrían- se defendió el Enano, adulando de más.

-La puta madre, nos cagaste la noche- continuó Jano, todavía molesto.

-Pará, pará, vamos a sacarlo, boludo- lo tranquilizó Gómez. - Al tipo no lo conocía nadie acá, así que seguramente jugaba en algún club extranjero de poco renombre internacional. Peñarol y Nacional diría que quedan descartados. Podría ser un Wanderers, o un Cerro Porteño de Paraguay, que en aquella época no era muy conocido.

-Bien, descartemos también el Colo Colo y Universidad Católica, pero no descartaría la U de Chile.

-Si, bueno, pero entonces tampoco hay que descartar al Coquimbo, o al Huachipato, que se yo- contestó Jano, todavía desanimado, y agregó -además, capaz que jugaba en Europa, y ahí cagaste.

-No, en Europa no jugaba ni en pedo- tranquilizó Gómez.

-¿Sabés quién tiene que saber?- dijo Ráulo, dejando la pregunta para que genere tensión.

-¿Quién?- preguntó el Enano, como para que el otro largue rápido.

-Urrutia- contestó Ráulo.

-Uhh, boludo, cuando aparezca le preguntamos- dijo Jano con sorna, desalentado, desalentado, desesperadamente desalentado y sin ganas de pensar.

-Es cierto, che, ¿en que anda?- preguntó Gómez. Salir del tema era su estratégia. Tipo paciente, que ante una duda vital como esa dejaba de pensar en la solución, confiando en que su cerebro continuaba trabajando en una especie de programa residente, buscando el dato, y se lo haría escupir de pronto, hablando del culo que tenía la mina que se había volteado el Sampe.

-No tengo idea.

14 diciembre 2007

Volver

-Mirá si un día vuelve- dijo Ráulo.
Jano cortó su esperanza con un filoso -¡Andá!, ¿qué va a volver?
-Nunca se sabe- insistió Ráulo, avergonzado de su credulidad.
-Hace un año que no escribe nada. Fué- replicó Jano.
-¿Y que sabés si no escribió nada en todo este año? Por ahí vuelve- insistió insistentemente Ráulo.
-Dale, hacete un blog para pedir la vuelta. Lo podés llamar “Luche y vuelve”- se rió Jano.
-También “Operación retorno”- acotó Gómez, que desde hacía unos minutos estaba en otra.
-Bueno, ¿que se yo?, Jack volvió, y también llevaba como un año de inactividad- recordó el Enano.
-¡¡Eso es como comparar al Diego con el Bichi Borghi porque los dos salieron de Argentinoyunior!!- exclamó Jano.
-Es cierto- aceptó el Enano, -pero ojo, que las rabonas a Borghi le salían bien, ¿eh?. Además, que puede volver... puede volver.
-No se olviden que a Malena la publicaron en un blog de Clarín esta semana- agregó Gómez.
-Y dale con Pernía. Esa mina no se colgó un año sin escribir- dijo Jano, pero el Enano ya lo interrumpía con un comentario: -¡¡Qué afano ese!!
-¿Te parece?- preguntó Ráulo, -para mi que le habrán pedido permiso para publicarlo. Incluso al final dice de donde lo habían sacado.
-Aaaaam, ¡que hambre!, ¡mirá que le va a preguntar!- se burló Jano.
-No sé, pa mi que un día vuelve.- retomó Ráulo. -Y sino, retomo la campaña que mantuvo Fishboy en solitario, pidiendo el regreso- dijo, y se hechó para atrás, sentado en el escalón y apoyandose en la puerta.
-O incluso el tono acusatorio de Manuco, esa onda “pa' vacaciones ya estuvo bien”.- recordó Gómez.
-¿Por donde habrá andado?




Un día me largué por el camino,
como una arena más que lleva el viento.
Me eché a la huella y esperé su aliento
sin mucho apuro ni mayor destino.

(José Larralde, Por ser un solo)


Y caminé. Carajo, sí que caminé. Tanto que cuando pensé en volver, ya había vuelto. Las ampollas hechas cayo, los magullones ya invisibles. Así que a la cancha, pibe, si vos nunca vas a poder dejar de escribir. Será mejor o peor, será continuo o intermitente, vacaciones de un año, saturación de fragmentos, pero en definitiva, no te podés escapar de ese violento oficio.

14 diciembre 2006

Que no vuelva