
Un tajo en la tierra siembra desconcierto en el hombre. La roca muestra sus heridas, las de-formaciones majestuosas que el tiempo es capaz de tallar, a puro cincel de agua y martillo de viento. Lo que era feraz, hoy es árido. Lo que parece muerto vive lento, y se desangra, se derrumba imperceptible.
Se inclina amenazante la roca sobre el hombre. En un susurro provocador le enrostra la pequeñez con su inmensidad-eternidad.
Sabe el hombre que la belleza de esa silueta permanecerá en la silueta futura, y aún en el fragmento desprendido-arrancado, y más en la nueva de-formación provocada por la unión de fragmentos.
La memoria de la gota que horada grabó en la roca el reflejo del hombre que bebió al pasar, sin dejar huella.
La roca desnuda transforma la herida en belleza, y la belleza será una nueva herida que, tal vez, al hombre emocione si sabe verla-poseerla. Herida-belleza, la continuidad desnuda.

2 comentarios:
Hermoso, sin más. Qué alegrón tu vuelta. Me invita a retornar a las canchas bloggeras.
Gracias, che. siempre bienvenido.
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