Lo escrito es lo firme, lo asentado, lo que no deja lugar a dudas, lo eterno, lo que no cambia, lo estructurado, masticado y digerido. Lo volátil, en cambio, es inasible, rotativo, cambiante. Puede ser igual sólo como consecuencia del azar, y puede ser distinto, también como consecuencia del azar. No tiene lógica. Esa es mi contradicción. ¿Cuál es la tuya?

jueves, 23 de diciembre de 2010

Algunas reflexiones sobre la existencia del pueblo, el trasvasamiento generacional y la celebración de la vida


Hace más de 10 años, en 1998, cuando Videla volvía a prisión luego del indulto que le regaló Menem (con Duhalde el Malo como vicepresidente, conviene aclarar), un diario puso en tapa la foto del genocida con traje de preso y el simple título: "Dios existe". Causó sensación, y muchos seguramente atesoran ese papel como un recuerdo. Eran tiempos en los que (a pesar de la lucha sostenida, constante, creciente) no parecía posible condenarlo/s si no era, precisamente, con la intervención de la gracia divina. Un sistema judicial, legislativo, político y mediático funcionaba como escudo, más allá de esas pequeñísimas, casi invisibles grietas.

Ahora Videla fue condenado nuevamente a prisión perpetua, pero eso ya no es prueba de la existencia de Dios, sino una muestra de lo que consigue un pueblo que lucha (perseverante, testarudo, inquebrantable). En ese pueblo están presentes las organizaciones de derechos humanos, políticas, sindicales, ese entramado orgánico que siempre amplificó y multiplicó la voz exigiendo justicia. También están en ese pueblo miles de argentinos inorgánicos, aquellos que sin formar parte activa de una organización, hicieron rodar ese reclamo único de justicia hasta donde la organización no llegaba. Y también estan en ese pueblo legisladores, gobernantes, funcionarios judiciales, que pusieron en letra y acción ese reclamo de justicia.

Tal vez Dios exista. Pero a Videla lo encanamos (otra vez) nosotros.
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Hay sensaciones contradictorias. La justicia lenta no es justicia. Pasaron muchos años, demasiados, para llegar a esta condena. El esfuerzo puesto en esta dirección no se pudo poner en otra/s dirección/es, en otro/s debate/s. Para colmo, es una condena repetida, es decir que este pueblo tuvo que hacer dos veces el camino (al menos ese tramo final que llega a la cárcel común). Sin embargo, en busca del lado positivo, también este pueblo festejó dos veces. Un festejo que además, al repetirse, incluye a nuevas generaciones de celebrantes. No es lo mismo las lágrimas rodando de emoción hace más de diez años, que las lágrimas de ayer, con un hijo a upa. Ese hijo que no entiende todavía el cantito de "a donde vayan los iremos a buscar", pero percibe con sus ojos llenos de preguntas que un padre llora, que un padre celebra, que puede aplaudir junto al padre, que puede bailotear al ritmo de "aparición con vida y castigo a los culpables", o cualquiera de esos hits de años y años de marchas y actos.

Videla está preso para siempre, hijo, y lo vamos a celebrar todos los días.
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Para bien o para mal, los genocidas son humanos, y por lo tanto, mortales. Son varios los casos que encontraron la gambeta final a la justicia a través de la muerte. Se repitieron las sensaciones contradictorias. Un padre también es hijo, y como tal ha sabido celebrar esas muertes junto a su padre. Un festejo a medias, claro, pero que deja el consuelo sencillo, "viejo, se murió antes que vos, brindemos", contradiciendo excepcionalmente lo aprendido. Porque bien sabemos, la muerte no se celebra, salvo por esa excepción que confirma la regla.

Pero esta vez no celebramos la muerte, sino la vida. Deseamos una larga, muy larga y saludable y lúcida vida, ahí, en la cárcel común. Celebramos la justicia, celebramos la condena, celebramos esa plena conciencia, ese "pleno uso de sus facultades mentales", que le permitirán a Videla conocer cada detalle de las cuatro paredes que lo mantendrán encerrado. Estos buenos augurios de larga vida para el genocida desmienten a quienes imaginan un pueblo lleno de odio y sed de venganza. Apenas es una necesidad de justicia.

Videla paga en vida. LTA.

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